Revista Digital de la VALL D'ALBAIDA
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dissabte, 26 de desembre del 2009

¿Cambios de modelo eclesial?


per Lluís Oviedo Torró


Asistí hace unos días a un congreso internacional de sociología de la religión en Asís, Italia, y me sorprendió que dos colegas italianos coincidieron en sus análisis sobre las transformaciones que vive la iglesia de aquel país, pero que pueden extenderse con pocas correcciones al caso español. ¿De qué se trata?

El punto de partida es la profunda crisis que viven las iglesias en los países occidentales. Con pocas excepciones se registran cifras muy bajas de asistencia a las celebraciones; da la impresión de que la institución más tocada sea la parroquia, que pierde muchos miembros y no responde a los profundos cambios sociales y culturales. Desde ese dato, la mayoría de los obispos y otras autoridades en la Iglesia parecen desconcertados, y no saben bien qué hacer, cómo responder a la crisis actual. Dicha situación les empuja a jugar un papel alternativo, a señalar su presencia y misión en otros ambientes y actividades. Las preferidas – al menos en Italia – son la participación cada vez más activa en los medios de comunicación social, el juego de las influencias políticas, y la relación con las élites económicas o intelectuales. Por otro lado, se percibe que sólo los nuevos movimientos eclesiales tienen vitalidad y son capaces de convocar y movilizar a las masas, por lo que se dirige a ellos la atención a la hora de movilizar a las bases o de recuperar el sentido de comunidad cristiana.

Si este análisis fuera cierto estaríamos ante un claro desplazamiento de la estructura eclesial: de la forma tradicional, basada en la organización territorial de diócesis y parroquias, a otra más actual, donde las autoridades tratan de ocupar el espacio simbólico de los medios de comunicación y la relación con las élites, y las bases se confían a movimientos de mayor intensidad y de clara conciencia cristiana.

Me resisto a creer que esta sea toda la historia, y que las cosas no sean más complejas. Muchos reconocen que, de hecho, la parroquia como institución está en crisis, pero no está nada claro que pueda ser reemplazada por otras instituciones que asuman sus funciones clásicas, y que provean los “servicios religiosos básicos” que suelen facilitar a la mayoría de la gente que los necesita.

Por otro lado, el discurso oficial de la Iglesia parece haberse especializado en los últimos años: se dirige sobre todo a las cuestiones de moral de la vida y de la familia. Seguramente el Papa y los obispos han encontrado una especie de “nicho ecológico” que convoca la sensibilidad de cierta “mayoría moral”, más allá de los límites del catolicismo. Es cierto que alguien ha de abanderar esas causas en las sociedades avanzadas, donde da la impresión de que dichos temas han sido descuidados. Los obispos y otras autoridades sienten como una de sus misiones centrales alentar una moral de la vida y de la familia más exigente, capaz de superar los graves problemas demográficos y educativos que percibe la mayoría. Esta misión otorga un fuerte protagonismo mediático y de movilización a los obispos y a los movimientos eclesiales que abrazan estas causas de forma más entusiasta.

La pregunta que surge es si dichas estrategias bastan para hacer frente a la grave crisis consecuencia de la secularización de las sociedades occidentales, y el creciente desinterés o indiferencia religiosa que experimentan buena parte de nuestros contemporáneos, en especial los jóvenes.

Sin disminuir la importancia de dichos temas, no obstante seguramente se pueden hacer muchas más cosas de las que se hacen y adoptar estrategias más adecuadas para afrontar la crisis actual. No pienso que el énfasis en la moral de la vida y de la familia, por un lado, y la confianza en los movimientos, por otro, sean la solución. Hay que coger el rábano por las hojas, hacer un buen diagnóstico de la situación actual y adecuar el discurso de la Iglesia, las estrategias pastorales y la reflexión teológica a dicho reto. Creo que llegamos con bastante retraso, pero todavía se puede hacer mucho para remediar un estado de cosas tan deficitario.


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