Revista Digital de la VALL D'ALBAIDA
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dissabte, 26 de setembre del 2009

La vuelta al cole





La vuelta al cole

per Rosana Ferrero





Dicen los expertos que el regreso a la cotidianeidad después de un periodo más o menos largo de sol, playa, siestas, mosquitos, piscinas, sangrías y demás lujurias estivales suele traer consigo un decaimiento emocional considerable. Es lo que se conoce como depresión post-vacacional. Tiene difícil arreglo, porque lo de volver al curro es sí o sí, por lo menos si queremos comer y ponerle gasolina al coche, así que mejor asumirlo y casi agradecerlo, porque está el patio como para hacerle ascos.

Volvemos a nuestro ambiente laboral. Entramos la primera mañana efusivos, con las pilas a punto de reventar, sin miedo, dispuestos a saludar incluso a aquellos a los que seríamos capaces de atropellar una noche de tormenta y les contamos nuestras anécdotas, muchas veces acompañadas de una colección de fotos aborrecibles. El primer momento de relax de la mañana, bien sea café o bocadillo de las diez, pone en evidencia lo distinto que puede ser un verano según se viva. No tiene desperdicio.

El que tiene suerte y no tiene cargas familiares ni hipotecarias se pega el viaje de tu vida (o el que nunca te podrías pegar tú), y te explica con todo lujo de detalles lo bonito que es ver atardecer en el Pacífico desde una cabaña de madera y en la que supuestamente le espera una lagarta autóctona dispuesta a exprimir sus encantos españoles. Falta saber si era lagarta o sapo, porque seguro que no se hizo ninguna foto con ella.

Ese sentimiento de frustración se ve menguado por la compasión, cuando sale al encuentro de la atención del grupo y con una alegría incomprensible el marido y padre de familia, contando que se ha podido permitir alquilar un apartamento en Oliva con piscina y a 100 metros de la playa, pero compartido con su hermana y su cuñado, sus tres sobrinos y la madre de su cuñado, que ya comienza a tener demencia senil y no se le puede dejar sola porque tiende a desnudarse en lugares públicos.

Luego tenemos a la joven que recién instalada en su piso VPO ha decidido invertir el dinero de las vacaciones en una tele, dos mesitas de Ikea, el armario del dormitorio y una vajilla monísima que estaba de oferta. Con una actitud que se mueve entre el alarde y el conformismo relatará que tampoco hay que ir a ningún sitio para pasar unas buenas vacaciones, presa de una rabia contenida porque no le ha llegado ni para comerse un arrocito en Calpe. Bueno, y si la emancipación no viene a gastos compartidos, el latigazo es de toma pan y moja.

El caso es que consumida la fiebre del pareo y el aceite de coco solo nos queda recrearnos en nuestros recuerdos, buscando desesperadamente en el calendario el primer puente antes de navidad con la esperanza de que alguna semana tendrá menos de cinco días. Si es que estamos muy mal acostumbrados…









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