¿Estudias o trabajas?
Primero pensábamos que el cierre de muchas empresas textiles de nuestra comarca venía condicionado por la explotación de la mano de obra del este o el misterioso Oriente, que son mucho más interesantes si la intención es abaratar costes en capital humano sin tener en cuenta cuáles pueden ser las consecuencias. Luego se rumoreaba que solamente los más fuertes sobrevivirían al bajón porque se trataba de una cuestión de tecnologías obsoletas y nuevas tendencias. Finalmente parece que el terremoto económico ha tenido resultados mucho más graves y preocupantes de lo que posiblemente nadie, o al menos la inmensa mayoría, esperaba.Si bajamos al mundo terrenal, al día a día, nos encontramos con las secuelas de esta alarmante realidad. Hemos sido una de las ciudades con mayor actividad industrial en muchos kilómetros a la redonda y algunas de nuestras empresas textiles han gozado de notoriedad a nivel internacional. Hoy más del 80% de esas empresas agonizan o están intentando escapar de su último estertor, disparando la tasa de desempleo.
Cuando yo tenía 16 años no encontrar trabajo era algo prácticamente inconcebible, es más, te podías permitir el lujo de elegir, siempre que no tuvieses la suerte de apoyar tu formación universitaria en una flamante beca o en la generosa disponibilidad económica de la familia en el caso de que la hubiera. Otra cosa importante era también que te apeteciera. Tener un sueldo a tan temprana edad se veía recompensado con tu moto, tu ropa de marca, tu semanita de verano en la playa con las amigas y tus interminables noches de juerga sin tener que tirar del bolsillo de nadie. En aquella época era más habitual tener trabajo y estudiar por las noches contabilidad que compartir piso en Valencia con tres estudiantes de la provincia.
Todo esto me lleva a pensar que posiblemente nos encontremos en el momento perfecto para iniciar, retomar o reciclar nuestros estudios, ya que el mercado laboral es cada vez más exigente. Aprender no solo nos puede hacer sentir bien, sino que además nos aporta riqueza y nos ayuda a descubrir nuevos círculos amistosos. ¿Puede haber mejor momento que un paréntesis laboral, sea o no sea obligado, para llevarlo a cabo? Además de potenciar nuestras aptitudes para cuando salgamos de nuevo al escenario puede ser una excelente manera de ahogar la intranquilidad y mitigar la desorientación que un despido inesperado suele traer. Así, como si de una película de los años 80 se tratara, aquel tópico para acercarse a la tigresa más curvilínea de la discoteca podría volver a ser la excusa perfecta para iniciar una conversación con ella.
El saber no ocupa lugar, pero nunca está de más saber qué lugar se quiere ocupar.
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