Revista Digital de la VALL D'ALBAIDA
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dijous, 30 d’abril del 2009

Carta a un maltratador

Amanece que no es poco, per Rosana Ferrero
Publicat el dia 24 d’abril al Crònica 707

Carta a un maltratador

Temor y silencio. Posiblemente fueron los niños. A lo mejor el miedo a la soledad, o la incertidumbre acerca de lo que pasará después. Tal vez la edad, la inexperiencia, la vergüenza, la intención de evitar ser el centro de las miradas en una cafetería o un supermercado. Sufrir en la sombra. Sucumbir en secreto. El castigo es haberte elegido para compartir una vida, pero seguramente llegaste con una máscara, tu mejor sonrisa y la inútil promesa de abandonar alguna detestable adicción. Difícil de adivinar.

Tu inexistente superioridad te arrebata la calma y te hace perder los estribos al menor signo de disconformidad, porque eres el hombre de la casa y eso parece otorgarte la suficiente libertad como para decidir cómo se debe educar a una esposa. Pero solo eres un decrépito y aborrecible escombro humano y social. Tu falta de personalidad y autoestima te hace asumir el papel dominante que realmente no tienes. No eres nada, no eres nadie sin tu violencia, sin esa descarga indómita de rabia e impotencia, pero con ellas tampoco. ¿Dónde están tus valores? ¿Dónde están tus bondades? ¿O tal vez no llegaste a conocerlas nunca? Posiblemente se esfumaron en algún capítulo de tu vida, aquel en el que se inculcan el respeto, el cariño, la serenidad y la comprensión.

Te equivocas al pensar que simplemente eres mejor. Te has convertido en el sexo débil, porque emanas tristeza y rechazo. Que hagas a tus hijos testigos de tu penosa actitud te convierte en algo mucho más insignificante y despreciable.

Quisiera decir que tus días están contados, pero solo puedo afirmar que tus víctimas están aprendiendo a sobrevivir. Y ya no hablo de ponerle una mano encima. Me basta con un desprecio continuado, un insulto o esa vomitiva costumbre de ponerla en evidencia por algún defecto que seguramente tú también acusas y que escondes tras tu mofa. Porque todo ello con el tiempo va sembrando en su interior la angustia y la inseguridad, dejando de sentirse querida, atractiva, deseada, respetada… derrumbando todo sueño que un día forjó en su mente y que ha sido el motor de la ilusión por estar a tu lado.

Espero que te deje, que te abandone y que con ello te golpee con la misma fuerza con que lo has hecho tú. Quiero que te sientas indefenso. Quiero que te sumas en la soledad y la tristeza. No será un acto de crueldad, sino más bien una forma de compartir contigo el sabor de la amargura. Será como hacerte un regalo comprado en tu propia tienda. Pegarte sería ponerse a tu altura. ¿Para qué ensuciarse las manos? No mereces la pena.

La próxima vez que decidas castigarla recuerda que una mujer es esposa, hija, hermana y amiga, pero también es madre… como la tuya. ¿Hubieras querido verla en su lugar?

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