Revista Digital de la VALL D'ALBAIDA
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dimecres, 18 de març del 2009

Flores de fuego

”Amanece, que no es poco”, per Rosana Ferrero
Publicat el 13 de març de 2009 al Crònica 704


Flores de fuego

Dice la historia que las fallas nacieron de una costumbre llamémosla “renovadora”, llevada a cabo por los artesanos y carpinteros. Con la llegada de la primavera sacaban a la calle todas aquellas cosas que durante el invierno les habían sido útiles y que quedaban fuera de uso, y les prendían fuego. Los vecinos comenzaron a hacer lo mismo con todos aquellos trastos y muebles inservibles que se apilaban en algún rincón de la casa. Ya lo dice la canción: Hi ha una estoreta velleta per a la Falla de Sant Josep? Fue cuestión de tiempo que esta curiosa práctica se convirtiera en un acontecimiento popular y, como ocurre en todas estas cosas, llegaron las aportaciones pícaras y alusivas, incluyendo en aquellas hogueras peleles o muñecos que representaban a personajes del clero o la burguesía, con el consiguiente disgusto de los aludidos. Esto ocurría ya hace más de cuatrocientos años.

La evolución fue adaptando este fenómeno y ubicándolo tal y como lo conocemos actualmente y podemos comprobar que la esencia irónica de esta fiesta no se ha perdido. Es prácticamente imposible no encontrarse de cara con una figura que represente, ya no necesariamente a un gurú de la farándula o la política, sino una actitud, un deseo, un pecado capital o venial, un secreto a voces o un entorno merecedor de denuncia o clamor. Así, podemos presumir de conocer personalmente la forma más extraordinaria y artística de plasmar la sátira y ver como los genios del mundo fallero ponen sus obras a merced del voraz fuego para hacerlas resurgir año tras año.

Esta es, sin duda, una de las mejores formas de recibir a la primavera: oliendo a pólvora y buñuelos y a ritmo de pasodoble. Es, como la navidad, una época de sentimientos contrapuestos, pues hay quien se deprime con su llegada, pero la gran mayoría parece desprenderse de la soga hibernal que tanto aprieta y se pone a merced de lo que le pida el cuerpo.

La primavera invita al libertinaje y a la diversión. La luz del sol parece tintar de alegría todo lo que nos rodea. El día es más largo y eso se agradece. Esta estación es sinónimo de esplendor, vida, hermosura y color. Es cuando se prepara la tierra para la mayoría de los cultivos y así aprovechar la llegada de las lluvias. Es cuando florecen las plantas, cuando las aves incuban sus huevos, cuando se disparan las hormonas y los alergólogos hacen su agosto. Es cuando se pierden los abrigos en los armarios, cuando nos empezamos a plantear si el color de nuestra piel es el adecuado para llevar manga corta y cuando se empiezan a saturar los gimnasios y las consultas de los dietistas. Es cuando a nosotras se nos pega más la ropa a la piel y a ellos la piel a la ropa.

Sin lugar a dudas entramos de cabeza en un despertar humano y natural de exquisito sabor y textura que es una pena no apreciar. Quemar todo aquello que nos sobra y recibir el equinoccio con una sonrisa además de ser muy valenciano, es terapéutico.

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