“Amanece, que no es poco”, per Rosana Ferrero
Publicat el 13 de febrer de 2009 al Crònica 702
Sin tetas hay paraíso
Desde mi postura me he podido permitir la licencia de hablar sobre temas que solo una mujer podría relatar tal y como yo lo he vivido, pensado o sentido. Esta vez me he decantado por un tema que al igual que el aborto siempre viene cubierto de un velo de secretismo y discreción: el cáncer de mama. Afortunadamente no puedo decir que haya experimentado qué se siente cuando un médico te confirma que eres una presa de la más silenciosa, temida y repulsiva de las bestias, muchas veces invisible y jodidamente rápida, y no puedo imaginarme el estremecimiento que se debe de sentir ante semejante declaración. Tan solo me puedo atrever a hablar desde el respeto y la comprensión acerca de un punto de vista posiblemente generalizado, que se destapa tímidamente porque el mero hecho de nombrarlo nos parece una invocación.
Afortunadamente la medicina ha conseguido auténticos milagros para frenar y controlar esta en-fermedad, y conozco casos que más que de ser dignos de mención, son dignos de admiración, pero el cáncer sigue siendo el mismo monstruo destructivo tan poco intuible como dominable. Y no nos equivoquemos: el bombo tiene absolutamente todas las bolitas, incluidas la tuya y la mía. No trato de desanimar a nadie; trato de afrontar una realidad.
El pecho de una mujer siempre ha sido un hermoso símbolo de feminidad, el posible punto fuerte de una atracción, nuestro primer biberón y una poderosa arma de seducción. Motivo de complejos o mofas, causa de admiración o rechazo y uno de los negocios del siglo. Para una mujer posiblemente su más preciado tesoro. Y un día descubres que debes aprender a vivir sin él porque te ha salido la especial.
Primero llega el tratamiento, duro e insalvable, que te arrebata sin piedad la fuerza, el bienestar y un aspecto favorable, y te acuestas por la noche recordando las veces que pensaste en que algún día serían los dientes lo que dejarías encima de la mesita dentro de un vaso de agua, y no una peluca o un precioso pañuelo de seda. Sientes que te queda media vida por delante, porque eres y te sientes joven, pero más vulnerable porque no conoces exactamente el alcance de lo que sufres. Posiblemente el tratamiento lo detenga y solo quede en una pequeña operación. Hay otros casos en los que la mastectomía es la única solución. Pero tu vida va en ello y eso es lo que va por delante. Y sacas la fuerza de donde nunca creíste tenerla porque necesitas remar con fuerza, porque no tienes otra alternativa para mantenerte a flote… si de verdad quieres flotar. Porque si tienes la capacidad de engendrar a otro ser humano, también la tienes para plantarle cara a cualquier cosa que quiera impedir que lo hagas, que sonrías, que te despiertes por las mañanas, que sueñes, que respires, que existas…
La valentía es una actitud. La actitud es el comienzo de una experiencia.
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