Revista Digital de la VALL D'ALBAIDA
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divendres, 13 de febrer del 2009

Más cosas sobre la crisis

Más cosas sobre la crisis, per Lluís Oviedo Torró
Publicat el 30 de gener de 2009 al Crònica 701


No dejan de publicarse comentarios y análisis sobre la actual crisis económica, sus causas, consecuencias y soluciones. Me ha llamado la atención en las últimas semanas una noticia y un comentario, ambos publicados en la edición de Internet del New York Times. La primera contaba que se registra un considerable incremento de presencias en algunas iglesias americanas desde el inicio de la crisis. Esta tendencia no se registra en todas las iglesias, sino sólo en las más radicales o conservadoras. Parece que muchos en estos tiempos difíciles buscan certezas y encuentran una buena respuesta en las congregaciones – como ellos dicen – con un mensaje más seguro, alentador, y que apunta a la trascendencia, es decir, al más allá como única solución.

El segundo artículo era un análisis de las causas de la debacle financiera y, todavía peor, de ciertos escándalos surgidos al abrigo de los años de la abundancia y de las rentas fáciles. El autor se preguntaba porqué a pesar de algunos avisos y de claras denuncias apuntando a la falsedad y altísimo riesgo de ciertas prácticas y agencias de inversión, nadie hizo nada para evitar el desastre. La razón era sencilla: quien más quien menos, desde los gestores financieros hasta los reguladores gubernamentales, estaban demasiado interesados en la ganacia a corto plazo, como para hacer caso de los avisos de la catástrofe que se preveía. Nadie se atrevía a parar la juerga, ni a cerrar los grifos, aunque eso supusiera quedarse al final sin reservas. Se creó la ilusión de que se podía seguir ganando indefinidamente con poco esfuerzo y sin mayores riesgos.

Sumo los dos artículos para sacar algunas conclusiones. La primera es que se ha puesto en evidencia una vez más la incapacidad auto-reguladora o de auto-organización de muchas agencias y estructuras sociales, incluso en este tramo de la modernidad avanzada, cuando contamos con instrumentos más técnicos y sofisticados para resolver problemas, preveer la marcha de los acontecimientos, y decidir las estrategias mejores. Algo falla precisamente en los sistemas más avanzados. Quizás en este caso la respuesta es que cuando la visión económica se vuelve demasiado centrada en la ganacia inmediata, guiada por la búsqueda del propio interés – lo que técnicamente se denomina la “opción racional” – a la larga se descuidan otros intereses o dimensiones, lo que termina por desbaratar todo el sistema, y dar al traste con las ganacias que se perseguían con tanto ahínco. Es decir: no es bueno que la economía funcione demasiado bien, o que se gane demasiado, o que se prime el interés inmediato y privado a costa del interés a largo plazo, general o público.
La pregunta es: ¿quién o qué puede moderar esa tendencia demasiado humana a buscar el propio interés inmediato? Varias respuestas apuntan a la intervención política o administrativa; a una ciencia económica mejor orientada; a una educación moral más sólida, entre otras. Mi impresión es que dichas soluciones son las que precisamente han fallado en el actual contexto. Desde mi punto de vista, la dimensión religiosa, mantenida como una fe autónoma y un anuncio de esperanza más allá de esta vida, es de las pocas ayudas que pueden contribuir a moderar dicho afán. Cuando falla ese marco de fe religiosa, es más fácil dejarse llevar por la codicia y el interés privado. Comos señalan varios estudiosos de la religión, ésta invita a aplazar compensaciones, y a moderar el interés racional más inmediato por un interés más amplio y futuro. Quizás se trata de un correctivo que no debería faltar en cualquier sociedad demasiado centrada en sí misma.

Por otro lado, el retorno a las iglesias de doctrina más segura nos debería hacer pensar sobre la función de la religión en tiempos de crisis, y cuál es el tipo de oferta que también nuestras iglesias deben proveer, cuando éstas se convierten en una especie de “refugio” para personas que han visto hundirse otro tipo de “seguridades”.

La crisis financiera es percibida por muchos como un síntoma de una crisis más amplia, de tipo cultural y social, consecuencia de la invasión de la mentalidad económica, de la ganancia y el disfrute. Cuando el dinero abundante coloniza otras dimensiones de la vida, son muchas las cosas que se pierden, muchos los valores que quedan desplazados. Esperemos que la crisis ayude a recuperar sensatez, a devolver cada cosa a su propio lugar, a valorar cada dimensión de la vida no por criterios económicos, sino también humanos, de bondad, de belleza, de intimidad. En esos casos el dinero más bien estropea lo que toca y contamina. Es hora de retomar otros valores y principios.

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