Publicat el 16 de gener de 2009 en el Crònica 700
Rebajas: ¿terapia de grupo?
Dicen las malas lenguas que las mujeres curamos nuestros males, hormonales o no, sacudiendo la cartera. Dicen que somos depredadoras incombustibles en busca de la presa más llamativa y de la que esperamos que cubra una necesidad camuflada tras una supuesta cascada de disgustos.Acabamos de salir de una de las épocas más consumistas del año que convierte a las cadenas televisivas en los más avispados manantiales de seducción. Así que, teóricamente, aquellas que tuvieron un motivo para llorar han tenido uno para comprar sin que después floreciera el condenado sentido de culpabilidad. Pero lo mejor está por llegar.
Las incondicionales devotas del shoping están despertando del dulce sueño navideño para dar rienda suelta a sus instintos en uno de los paraísos contemporáneos más populares y atractivos: las rebajas, que alcanzan su punto álgido con las segundas rebajas y los finales de temporada. Este año algunos han sabido aprovechar la situación económica y han convertido la campaña navideña en la antesala del frenético ritmo del descuento y las etiquetas superpuestas. Sinceramente… ¿no se os agria la saliva cuando comprobáis que la camisa aquella tan mona que comprasteis un par de meses atrás vale menos de la mitad? ¿cómo puede bajar tanto de precio si no caduca como los danones? ¿o es que en el momento en que la compré el algodón lo recogía una tailandesa virgen las noches de luna llena?
Habla Maslow de una pirámide que ordena las necesidades del ser humano jerarquizadas por su importancia. Tenemos en la base las necesidades fisiológicas, como el hambre, la sed, el sueño y las visitas al cuarto oscuro. En el segundo escalón surge la seguridad, donde entra todo aquello relacionado con la integridad física, la estabilidad y el orden. A continuación las necesidades de pertenencia, que alude al deseo de ser aceptado en un grupo. En el cuarto nivel encontramos aquello que se refiere al deseo de alcanzar un estatus social, conseguir prestigio o provocar admiración. Por último la necesidad de autorrealización, que implica conseguir la realización de las más elevadas aspiraciones. Debo decir que Maslow afirma que para pasar a un nivel superior el anterior debe estar mínimamente cubierto.
Bien, pues esta teoría se podría aplicar en su totalidad, aunque en un sentido figurado, al fenómeno del instinto consumista de una hembra despiadada camino de un centro comercial un fin de semana de enero: “debo apagar esta sed de comprar que me quita el sueño y me hace sentir insegura, porque si no llevo unos Sacha London no me aceptarán las pijas de mis amigas y así de paso que rabien las del trabajo, que me llevan de culo con sus bolsos de Tous. Y el lunes me apunto a pilates, que es lo único que me falta para completar mi tendencia fashion”. ¿No daríamos miedo si fuésemos todas así?. Digo yo.
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