”Amanece, que no es poco”, per Rosana Ferrero
Publicat el 27 de febrer de 2009 al Crònica 703
Teletimo ¿dígame?
“Buenos días, ¿hablo con la señora de la casa?”. Esta frase, que muchas veces suena como sacada de un culebrón venezolano, no siempre trae consigo la amabilidad y cariño que pretende transmitir y se puede convertir en una auténtica bomba de relojería. ¿Qué hay detrás de esta gentil manera de presentarse? ¿Quién da de comer a la hábil y amaestrada vendedora que tiene nuestro número de teléfono, nuestros datos y una divertida lista de preguntas? ¿Cuál es su misión?
Gracias a un reportaje emitido por una televisión autonómica hace algunos días hemos conocido el engranaje de estas fraudulentas y poco éticas técnicas de venta que, y siento generalizar porque no en todos los casos es así, comienzan a sonar a desconfianza y engaño, sembrando la reticencia del consumidor a atender este tipo de tácticas. Y es que es genial no verle la cara a alguien cuando lo que intentas es llevártelo al huerto, porque tu conciencia no tiene una imagen que recordar ni martillear.
Estos batallones de chupópteros tienen a su disposición auténticas minas de información, informes de encuestas, censos por edades y nivel cultural. Saben donde llaman y lo que se van a encontrar. Saben qué deben y no deben preguntar. Saben a qué hora nos encuentran y si nos gusta el cine, el futbol o ir a la playa. Y si no lo saben, lo averiguarán, porque conocen el modo de hacerlo. Su misión es ganarse la confianza de su interlocutor, captar su debilidad y estrangularla y una vez cerrado el cerco ofrecer aquello que se pretende vender, pero con un cebo atractivo que no se pueda rechazar.
Veamos. Mujer de más de 65 años, cultura media o baja y una fuerte tendencia a la búsqueda de ofertas; devota de las tiendas de los chinos porque encuentra de todo a precios minúsculos. Le gustan los pasodobles y las películas de Carmen Sevilla. Por su infancia será vulnerable, por su educación manejable y por su forma de vida fácilmente impresionable. Este perfil se da en el 70% de las mujeres españolas de esa edad. Son la víctima perfecta, el cervatillo cojo, el bombón con el relleno acertado. Para una trapecista de la palabrería no existe motivo alguno por el que no pueda seducirla y llevarla a su terreno y una vez allí, ofrecerle un secador de pelo con ionizador y 25 accesorios a un precio ridículo y obligatoriamente vinculado a la compra de un sillón de masaje o un colchón milagroso que cuesta 5 veces su precio real. O peor: le dirá que tiene previsto pasarse por su casa a llevarle un regalo, regalo que tiene que pagar, pero eso todavía no lo sabe, porque una vez tenga la culebra dentro de casa le va a resultar difícil deshacerse de ella.
La compra debe ser inteligente, responsable y necesaria. Hay que evaluar el verdadero motivo que nos lleve a la adquisición de bienes y servicios y no confiar de aquello que nos exige algo a cambio antes de que podamos comprobar de qué se trata realmente. No es oro todo lo que reluce…
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